Cristian Romero, conocido artísticamente como Warrior, encontró en el rap mucho más que un pasatiempo: halló una forma de renacer. Oriundo del barrio Toba y perteneciente a la comunidad Qom, el joven atravesó una adolescencia difícil marcada por el consumo de sustancias y la situación de calle, realidades que logró transformar profundamente al involucrarse en la cultura del hip hop y encontrar un nuevo propósito vital.
El arte como motor de cambio social
Hoy, Warrior lidera la agrupación BT Crew, un colectivo nacido en la zona de Rouillón y Aborígenes Argentinos que utiliza la música para narrar las vivencias de los barrios populares de Rosario. Su compromiso con el género no solo le permitió recuperarse personalmente, sino que también le abrió puertas laborales a través de programas como ‘Resuena’, una iniciativa provincial vinculada a la Plataforma Lavardén que brinda formación y espacios de grabación para jóvenes artistas locales.
A pesar de las pérdidas personales y los prejuicios sociales que enfrentó en su camino, el rapero continúa promoviendo el freestyle en las plazas de su comunidad. Con sus letras sobre identidad, desigualdad y esperanza, busca inspirar a otros jóvenes para que no bajen los brazos y encuentren en la expresión artística una alternativa real para construir un futuro alejado de la violencia y las adicciones.