El panorama económico para el cierre del año presenta desafíos significativos que el propio Poder Ejecutivo ha comenzado a reconocer. En recientes declaraciones, el presidente Javier Milei admitió que la evolución de las variables locales no muestra el dinamismo esperado inicialmente, lo que ha encendido alarmas tanto en los despachos oficiales como en el sector privado respecto al cumplimiento de las metas trazadas.
Consumo en caída y una reactivación que no llega
Diversas consultoras privadas coinciden en que el consumo masivo terminará el periodo con indicadores negativos, proyectando caídas de hasta el 3,7% interanual. Según los especialistas, no se observan señales claras de una recuperación en forma de “V” para los meses de noviembre y diciembre, debido a que los hogares mantienen una conducta de extrema cautela y priorizan exclusivamente productos de la canasta básica frente a los rubros no esenciales.
Inflación y estancamiento social
Si bien la inflación muestra una tendencia a la desaceleración, ubicándose en proyecciones cercanas al 1,5% mensual para el último tramo, el nivel de pobreza sigue siendo una preocupación central del análisis macroeconómico. Las estimaciones privadas ubican este indicador por encima del 31%, impulsado por un enfriamiento en la creación de empleo registrado en sectores clave como la construcción y el comercio minorista.
El impacto en los ingresos familiares
Respecto al poder adquisitivo, los informes sugieren que la evolución de los salarios ingresará en una fase de estabilización heterogénea. Aunque el cobro del medio aguinaldo y las gratificaciones estacionales podrían ofrecer un alivio temporal, los analistas advierten que esta liquidez extraordinaria se destinaría mayoritariamente al pago de deudas previas en lugar de dinamizar el consumo real en los comercios.