En un contexto marcado por la sobrecarga laboral y las preocupaciones económicas, el ritmo de vida actual ha transformado una respuesta biológica de supervivencia en un estado de desgaste físico y mental constante. El organismo humano suele mantener niveles de alerta elevados frente a estímulos cotidianos, como las notificaciones del celular o la incertidumbre financiera, reaccionando de la misma forma que ante un peligro físico inminente.
El cerebro y las falsas alarmas
La psicoterapeuta Verónica Franciscutti, especialista en neurociencias y programación neurolingüística, advirtió que el cerebro no logra distinguir entre una amenaza real y un escenario catastrófico imaginado. Esta confusión genera una liberación sostenida de cortisol y adrenalina que, de no interrumpirse, deriva en procesos inflamatorios, insomnio y contracturas. Según la profesional, el problema no es el estrés en sí, sino la incapacidad de desactivar la señal de alarma cuando el estímulo ha pasado.
Herramientas para recuperar el presente
Para contrarrestar este cuadro, Franciscutti propone recurrir a estímulos sensoriales directos que obliguen a la mente a registrar hechos verificables del presente. Acciones simples como sentir el aroma del café, tocar diferentes texturas o caminar descalzo sobre el pasto ayudan a apagar las redes neuronales que disparan la angustia por el futuro. Asimismo, recomendó evitar el uso del celular durante los primeros treinta minutos del día para no agotar la dopamina antes de comenzar la jornada y evitar que el ánimo se vea alterado por obligaciones ajenas desde el primer minuto.