El sistema tributario argentino presenta una contradicción estructural que profundiza la desigualdad económica en el país. Según una investigación de Argendata Fundar, la carga impositiva no se distribuye de acuerdo con la capacidad contributiva, lo que provoca que los hogares con menores ingresos terminen destinando una proporción significativamente mayor de sus recursos al Estado en comparación con los sectores de mayor poder adquisitivo.
El impacto del consumo y la evasión fiscal
La explicación principal de este fenómeno reside en la predominancia de los impuestos indirectos, como el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y el tributo provincial a los Ingresos Brutos. Dado que las familias de deciles bajos utilizan la totalidad de lo que perciben para el consumo diario, la carga impositiva sobre sus transacciones es total. En cambio, los sectores más ricos, al poseer capacidad de ahorro, ven diluida la incidencia de estos gravámenes en su presupuesto general.
El informe elaborado por los investigadores Guido Zack y Emiliano Libman también advierte sobre los niveles críticos de evasión, especialmente en el IVA y Ganancias de sociedades, donde se pierde una recaudación equivalente a ocho puntos del Producto Interno Bruto (PIB). Asimismo, destaca que la presión tributaria sobre el sector formal en Argentina ya alcanza el 42,4%, superando el promedio de los países de la OCDE, lo que fomenta un círculo vicioso de informalidad y falta de progresividad en el esquema fiscal vigente.