Esta semana se conmemora el septuagésimo aniversario del ingreso formal de la República Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial. El proceso culminó oficialmente el 20 de septiembre de 1956, cuando el entonces embajador en Washington, Adolfo Vicchi, rubricó los estatutos de ambos organismos en una ceremonia realizada en el Departamento de Estado de los Estados Unidos, marcando el inicio de un vínculo que condicionaría la política económica nacional durante décadas.
Del primer contacto a la firma definitiva
Aunque el ingreso se concretó bajo el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu, los antecedentes se remontan a gestiones previas iniciadas durante la presidencia de Juan Domingo Perón. Ya en 1948, Camille Gutt, el primer titular del FMI, había visitado Buenos Aires en el marco de una búsqueda de financiamiento externo, aunque la adhesión se demoró debido a las exigencias del organismo internacional sobre la unificación del mercado cambiario y la homogeneización de las estadísticas oficiales. Finalmente, para sellar su incorporación como el miembro número 59, Argentina debió suscribir 150 millones de dólares y realizar un pago inicial de 30 millones de dólares en efectivo.